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Terra
La Coctelera

¿Qué es una sanación con éxito?

¿Qué determina una sanación con éxito? ¿Es alguien que se levanta de una silla de ruedas y anda? ¿Es la desaparición de la enfermedad? ¿Es la reestructuración y transformación de nuestro ADN?

O quizá la vida es la enfermedad y la muerte es la sanación.

Un día recibí una llamada de un oncólogo que me preguntó si podría ver a uno de sus pacientes. Dije: “Por supuesto”. Aquella mujer no podía dejar el hospital, así que fui a verla a ella y a su marido por la noche. Cuando llegué, ella estaba dormida, así que hablé con su marido durante unos minutos y después comencé la sesión. Al poco tiempo ella abrió los ojos. Su marido nos presentó y durante la duración de la sesión la pareja mantuvo una conversación muy animada y divertida. Podías ver los efectos que la quimio y otros tratamientos a largo plazo habían provocado en ella, aunque también podías distinguir el brillo de la belleza en su sonrisa y en sus ojos.
Era una pareja joven, de unos treinta años probablemente. Cuando hablaban entre ellos, sus ojos parecían como los de dos amantes que se habrían reunido después de una larga separación. Parecía que disfrutaban el uno con el otro y que se amaban mucho. Ella hablaba, él escuchaba; él hablaba, ella escuchaba. Se reían y me metían en su conversación como si fuera un amigo de toda la vida. Compartieron conmigo historias de diferentes cosas que habían hecho juntos y me hablaron de sus viajes y de gente que conocían.
De repente, a la mujer se le antojó un helado ¡de tres sabores diferentes! Yo llevaba en el hospital más tiempo más tiempo de lo que había planeado, pero ofrecí quedarme hasta que su marido fuera a buscar el helado. Cuando estaba a punto de irse ella decidió que también estaría bien un poco de tarta de queso. Eran las 11.00 de la noche, pero nada podía hacer más feliz al hombre que ir a buscar esas cosas para traérselas a su mujer. Prometió volver pronto, aunque todos sabíamos que en ese momento salir del complejo del hospital, encontrar un lugar abierto, y volver con todo, llevaría sus buenos 45 minutos. Y así fue. Fueron incluso uno de los 45 minutos más largos de mi vida porque según se cerró la puerta detrás de él, ella se volvió hacia mí y me dijo: “Me voy a ir ahora”.
Dije: “¿Que vas a ir a qué?”. Sabía lo que ella quería decir, pero no podía creer lo que estaba oyendo.
“Me voy a ir ahora”, repitió.
“¿Ahora?”, pregunté.
Asintió.
Me quedé en estado de shock. El comportamiento y la expresión de la mujer no dejaban lugar a una mala interpretación. Me estaba diciendo que estaba planeando morir, y planeaba morir justo entonces. Había enviado a su marido a buscar comida para asegurarse de que no estaría presente.
“Oh, no, no te vayas”, le dije.
No quería que él volviera con los brazos llenos de helado y tarta de queso y me viera sentado junto a su mujer muerta.
“Me voy a ir ahora”, repitió.
“Te vas a quedar aquí mismo hasta que tu marido vuelva”, le dije en respuesta a su tercera y más reciente amenaza, mirando al reloj y viendo lo despacio que parecía pasar el tiempo. La cuestión era que, yo no tenía ninguna duda de que ella podía “irse” en ese preciso momento. La única forma de evitar que esto ocurriera era darle conversación. Sabía que una vez que ella dejara de hablar, se dejaría ir y cruzaría al otro lado. Le dije a la mujer que si había tomado la decisión de irse, su marido desearía tener la oportunidad de decirle adiós. Estaba manteniéndola ocupada en el proceso mental y eso era bueno. En ese momento hubiera agarrado un ukelele y tocado Tiptoe through the tulips si creyera que eso la iba a mantener con vida hasta que él regresara. Hablamos. Ella “se quedó”.
Unos 45 minutos después volvió su marido. No se habló de la “despedida” de ella. Volvieron a la conversación normal como si nada hubiera ocurrido. Mi corazón aún latía fuerte mientras la mujer comía su helado. Me ofrecieron un poco. Yo… no tenía hambre. Dije buenas noches y me fui rápido. Su marido me llamó al día siguiente para decirme que había fallecido. Ya lo sabía. Me contó entonces que ella había estado dormida y/o casi inconsciente durante casi los dos meses anteriores a mi visita. Era la primera vez que había estado lúcida durante más de un minuto. Me agradeció haberle devuelto a su mujer durante aquella noche final.

¿Quién tuvo la sanación y qué fue? Bueno, ambos tuvieron una sanación. Él necesitaba después de dos meses, ver a su mujer una última vez para decirle adiós y dejarla ir. Ella necesitaba verle de nuevo y saber que estaría bien si ella se iba. Ambos recibieron su regalo.

La gente se muere. Cambiamos. Es parte de nuestra experiencia cósmica de reciclarnos.

Cuando alguien cruza al otro lado no significa que no se haya sanado. Su sanación puede muy bien ser el bienestar con el que le permites hacer su transición, la paz que reciben de tu visita para aceptar y dejarles ir, y esa oportunidad de sonreír y decir “te quiero” a alguien que necesita escucharlo por última vez.

Así que no interpretes, no analices. Simplemente sé. Y sé consciente de que transportas el regalo de la sanación, cualquiera que sea la forma que tenga.

Dr. Eric Pearl, autor de La Reconexión. Sana otros; sánate a ti mismo. Ediciones Obelisco.

¡Una palabra que cambiará su vida!

¡Una palabra que cambiará su vida!

Hay una palabra que, cuando se expresan, tiene el poder más insondable para cambiar su vida completamente. Una palabra que, cuando ellas pasan por sus labios, será la causa de traer la alegría absoluta y felicidad a usted. Una palabra que creará los milagros en su vida. Una palabra que limpiará su negatividad. Una palabra que le traerá abundancia en todas las cosas. Una palabra que convocará todas las fuerzas y vibraciones en el Universo y moverán todas las cosas para usted.

La única cosa que está entre usted, su felicidad, y la vida de sus sueños, es una palabra...

GRACIAS

La gratitud es una de las más fáciles y la manera más poderosa de transformar su vida. Si usted se pone verdaderamente agradecido, usted magnetizará la alegría absoluta por todas partes por donde usted va, y en todo lo que usted hace. De hecho, sin la gratitud, nada puede cambiar en la vida. Su vida cambiará al grado que usted usa la gratitud y empieza a sentirse agradecido. Si usted simplemente es un poco agradecido, su vida cambiará un poco. Si usted agradece, su vida entera cambiará. Si usted vive la gratitud cada día, usted se volverá uno de los más grandes seres humanos en el planeta, y la luz de su vida manda nuestro mundo al levantamiento.

Los más grandes seres humanos que han vivido alguna vez nos mostraron la manera con la gratitud, y por su ejemplo las luces brillantes, se volvieron de nuestra historia. ¡Einstein dijo "agradézcale" cientos de tiempos cada día! Sabidurías antiguas que fechan miles de años atrás nos dieron la verdad sobre la gratitud. Cada religión habla de dar gracias. Todas las salvias y salvadores del mundo demostraron el uso de gratitud en todas sus enseñanzas.

De las miles de cartas que nosotros recibimos de las personas cuyas vidas que se han vuelto milagros después de experimentar El Secreto, cada uno de ellos ha hecho su estilo de vida a la gratitud. Es imposible ser negativo cuando usted está dando gracias. Es imposible criticar o culpar cuando usted está sintiéndose agradecido. Es imposible sentirse triste cuando usted está en la gratitud. La mayoría de las personas agradece esporádicamente, sin embargo, para cambiar su vida con la gratitud, una nueva manera de aprender a agradecer es lo que traerá felicidad ilimitada en su vida.

¿Así es cómo usted vive en la gratitud? Empiece su día sintiéndose agradecido. Simplemente agradezca la cama en que usted durmió, el tejado encima de su cabeza, la alfombra o enlosa bajo sus pies, el agua corriente, el jabón, su ducha, su cepillo de dientes, su ropa, sus zapatos, el automóvil que usted maneja, su trabajo, sus amigos, su refrigerador que guarda fría de comida. Agradezca el tiempo, el sol, el cielo, los pájaros, los árboles, el césped, la lluvia, y las flores. Agradezca las tiendas que le hacen tan fácil de comprar las cosas que usted necesita, los restaurantes, las utilidades y servicios y aparatos eléctricos que hacen su vida fácil. Agradezca las revistas y los libros que usted leyó. Agradezca la silla en que usted se sienta, y el pavimento en que usted camina. Agradezca su música favorita, La películas que le hacen percepción buena. Agradezca su teléfono que lo conecta con las personas, su computadora, la electricidad que enciende su vida. Agradezca sus viajes, el aire que lo envuelve, agradezca por todas partes. Agradezca los caminos y semáforos que guardan el tráfico en orden. Agradezca a aquellos que construyeron nuestros puentes. Agradezca su animal doméstico, sus hijos, sus amados, sus ojos que le permiten que lea esto. Agradezca su imaginación. ¡Agradezca que usted pueda pensar! Agradezca que usted pueda hablar. Agradezca que usted pueda reírse y puede sonreír. ¡Agradezca que usted pueda respirar! ¡Agradezca que usted está vivo! ¡Agradezca que usted es Usted! ¡Agradezca que hay una palabra que puede cambiar su vida!

¡Gracias! ¡Gracias! ¡Gracias!

Cuando más usted practica la gratitud, más profundamente usted lo sentirá en su corazón, y la profundidad del sentimiento es la llave. Más profundamente y atentamente usted lo siente, cuando más lo hace; usted traerá la belleza absoluta y felicidad en cada asunto. El reloj no pasa en su vida cuando usted practica la gratitud cada día y en cada momento y en cada oportunidad que usted pueda. Recuerde, si usted está criticando, usted no está agradeciendo. Si usted está culpando, usted no está agradeciendo. Si usted está quejándose, usted no está agradeciendo. Si usted tiene tensión sensible, usted no está agradeciendo. Si usted está apresurándose, usted no está agradeciendo. Si usted es de mal humor, usted no está agradeciendo.

Para entender el poder y la magia de la gratitud, usted tiene que experimentarla. ¿Así, por qué no empieza decidiendo encontrar 100 cosas por día y agradecer por ellas? Cuando usted practique la gratitud todos los días, no tomará mucho tiempo antes de que la gratitud sea su estado natural de ser, y cuando pasa; usted habrá abierto uno de los más grandes Secretos a la Vida.

Esta semana los Estados Unidos están celebrando, dando gracias con el “Día de gracias”. Para inspirar a todos, a usar la gratitud, no sólo durante un día, pero durante cada día, El Secreto está regalando Periódicos de Gratitud Confidenciales que son bonitos la 9,000 edición especial. Este regalo es un periódico por persona, y el único costo para usted es enviarlo.

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Hay simplemente una otra cosa que yo quiero que usted sepa sobre la Gratitud.... .

¡Cuando usted está dando gracias, usted se SIENTE bien!

ERIC PEARL

" id=img_0 />El internacionalmente reconocido Sanador Eric Pearl, ha aparecido en numerosos programas de televisión en los Estados Unidos y alrededor del mundo. Fue invitado a hablar en Las Naciones Unidas. Presentó una una audiencia que llenó el Madison Square Garden en la ciudad Nueva York, y sus seminarios han sido destacados en varias publicaciones incluyendo The New York Times.

Como doctor, Eric dirigió una consulta quiropráctica con mucho éxito, durante 12 años hasta que un día sus pacientes empezaron a decir que sentían sus manos en ellos – aunque él no los había tocado. Los primeros meses, le salieron ampollas en sus palmas y sangraron. Pronto, los pacientes reportaron sanaciónes milagrosos de cánceres, enfermedades relacionadas con el SIDA, epilepsia, síndrome de fatiga crónica, esclerosis múltiple, reumatoide y osteoartritis, malformaciones de nacimiento, parálisis cerebral y otras afecciones serias. Todo esto sucedía cuando Eric simplemente acercaba sus manos a ellos – hoy en día, aún continúa.

Las sanaciónes de sus pacientes se han documentado hasta la fecha, en seis libros, incluyendo su libro internacional, más vendido: La Reconexión: Sana Otros, Sánate a ti Mismo, pronto en su veintisiete idioma.

Ubicado en Los Ángeles, Eric suscita gran interés de doctores superiores y de investigadores médicos en los hospitales y universidades de todo el mundo. Incluyendo el Jackson Memorial Hospital, UCLA, Cedars-Sinai Medical Center, the VA Hospital, University of Minnesota, University of Miami Medical School y University of Arizona – donde él habló a los médicos a petición del Dr. Andrew Weil. Los nuevos programas de investigación están actualmente en curso en las instalaciones múltiples bajo la dirección de renombrados científicos de investigación renombrados tales que Gary Schwartz, PhD., Guillermo Tiller PhD., entre otros.

Cada año, Eric viaja consantemente por el mundo, trayendo luz e información de Sanación Reconectiva al planeta. ¡Él le enseña cómo activar y utilizar este nuevo, inclusivo espectro de las frecuencias de sanación que permiten que superemos totalmente "sanación energética" y "técnica" para acceder a un nivel de sanación más allá de lo que cualquier persona ha podido acceder anteriormente hasta ahora! El Dr. Pearl ha enseñado a más de 30.000 practicantes de Sanación Reconectiva en más de 55 países hasta la fecha, creando una generación espontánea de sanadores por todo el mundo.

HO'OPONOPONO

Hace dos años, escuché hablar de un terapeuta en Hawaii quien curó un pabellón completo de pacientes criminales insanos sin siquiera ver a ninguno de ellos.
El psicólogo estudiaba la ficha del recluso y luego miraba dentro de si mismo para ver cómo él había creado la enfermedad de esa persona. En la medida en que él mejoraba, el paciente se mejoraba.

La primera vez que escuché hablar de esta historia, pensé que era una leyenda urbana. ¿Cómo podía cualquiera curar a otro con solo curarse a si mismo?
¿Cómo podía aunque fuera el maestro de mayor poder de auto curación curar a alguien criminalmente insano? No tenía ningún sentido, no era lógico, de modo que descarté esta historia.

Sin embargo, la escuché nuevamente un año después. Escuché que el terapeuta había usado un proceso de sanación Hawaiano llamado "oponopono". Nunca había oído hablar de ello, sin embargo no podía sacarlo de mi mente. Si la historia era totalmente cierta, yo tenía que saber más. Siempre había entendido que "total responsabilidad" significaba que yo soy responsable de lo que pienso y hago.
Lo que esté mas allá, está fuera de mis manos. Pienso que la mayor parte de la gente piensa igual sobre la responsabilidad. Somos responsables de lo que hacemos, no de lo que los otros hacen – pero eso está equivocado.

El terapeuta Hawaiano que sanó a esas personas mentalmente enfermas me enseñaría una nueva perspectiva avanzada sobre lo que es la total responsabilidad. Su nombre es Dr. Ihaleakala Hew Len. Probablemente hayamos pasado una hora hablando en nuestra primera conversación telefónica. Le pedí que me contara la historia total de su trabajo como terapeuta.

Él explicó que había trabajado en el Hospital Estatal de Hawai durante cuatro años. El pabellón donde encerraban a los locos criminales era peligroso. Por regla general los psicólogos renunciaban al mes de trabajar allí. La mayor parte de los miembros del personal allí caían enfermos o simplemente renunciaban. La gente que atravesaba ese pabellón simplemente caminaba con sus espaldas contra la pared, temerosos de ser atacados por sus pacientes. No era un lugar placentero para vivir, ni para trabajar ni para visitar.

El Dr. Len me dijo que el nunca vio a los pacientes. Firmó un acuerdo de tener una oficina y revisar sus legajos. Mientras miraba esos legajos, el trabajaría sobre si mismo. Mientras él trabajaba sobre si mismo, los pacientes comenzaban a curarse.
"Luego de unos pocos meses, a los pacientes que debían estar encadenados se les permitía caminar libremente" me dijo. "Otros que tenían que estar fuertemente medicados, comenzaban a mermar su medicación. Y aquellos que no tenían jamás, ninguna posibilidad de ser liberados, fueron dados de alta". Yo estaba asombrado. "No solamente eso" continuó, "sino que el personal comenzó a gozar yendo a trabajar."
"El ausentismo y los cambios de personal desaparecieron. Terminamos con más personal del que necesitábamos porque los pacientes eran liberados y todo el personal venía a trabajar. Hoy ese pabellón está cerrado."

Aquí es donde yo tuve que hacer la pregunta del millón de dólares:
"¿Qué estuvo haciendo usted con usted mismo que ocasionó que esas personas cambiaran?" Yo simplemente estaba sanando la parte de mi que los había creado a ellos", dijo él. Yo no entendí. El Dr. Len explicó que entendía que la total responsabilidad de tu vida implica a todo lo que está en tu vida, simplemente porque está en tu vida, y por ello es tu responsabilidad. En un sentido literal, todo el mundo es tu creación.

¡Uau! Esto es duro de tragar. Ser responsable por lo que yo hago o digo es una cosa. Ser responsable por lo que cualquiera que esté en mi vida hace o dice es otra muy distinta. Sin embargo la verdad es esta: si asumes completa responsabilidad por tu vida, entonces todo lo que ves, escuchas, saboreas, tocas o experimentas de cualquier forma es tu responsabilidad porque ésta en tu vida. Esto significa que la actividad terrorista, el presidente, la economía o cualquier cosa que experimentas y no te gusta, esta allí para que tu la sanes. Ello no existe, por decirlo así, excepto como proyecciones que salen de tu interior. El problema no está con ellos, está en ti, y para cambiarlo, debes cambiar tú.

Sé que esto es difícil de captar, mucho menos de aceptar o de vivirlo realmente. Achacar a otro la culpa es mucho más fácil que asumir la total responsabilidad, pero mientras hablaba con el Dr. Len, comencé a comprender esa sanación de él y que el ho'oponopono significa amarte a ti mismo.

Si deseas mejorar tu vida, debes sanar tu vida. Si deseas curar a cualquiera, aún a un criminal mentalmente enfermo, lo haces curándote tu mismo.

Le pregunté al Dr. Len cómo se curaba a si mismo. Qué era lo que él hacía exactamente cuando miraba los legajos de esos pacientes.

"Yo simplemente permanecía diciendo "Lo siento" y "Te amo", una y otra vez" explicó él.

"¿Sólo eso?"

"Sólo eso."

"Resulta que amarte a ti mismo es la mejor forma de mejorarte a ti mismo, y mientras tú te mejoras a ti mismo, mejoras tu mundo"

Permíteme darte un rápido ejemplo de cómo funciona esto: un día, alguien me envía un e-mail que me desequilibra". En el pasado lo hubiera manejado trabajando sobre mis aspectos emocionales tórridos o tratando de razonar con la persona que envió ese mensaje detestable. Esta vez yo decidí probar el método el Dr. Len. Me puse a pronunciar silenciosamente "lo siento" y "te amo". No lo decía a nadie en particular. Simplemente estaba invocando el espíritu del amor para sanar, dentro de mi lo que estaba creando la circunstancia externa.

En el término de una hora recibí un email de la misma persona. Se disculpaba por su mensaje previo. Ten en cuenta que yo no realicé ninguna acción externa para lograr esa disculpa. Yo ni siquiera contesté su mensaje. Sin embargo, sólo diciendo "te amo", de algún modo sané dentro de mí lo que estaba creando en él.
Mas tarde asistí a un taller de ho'oponopono dirigido por el Dr. Len. Él tiene ahora 70 años de edad, es considerado un chaman abuelo y es algo solitario.

Él alabó mi libro "El Factor Atractivo". Me dijo que mientras yo me mejoro a mi mismo, la vibración de mi libro aumentará y todos lo sentirán cuando lo lean. En resumen, a medida que yo me mejoro, mis lectores mejorarán.

"¿Y qué pasara con los libros que ya he vendido y han salido de mi?" pregunté.

"Ellos no han salido" explicó él, una vez más soplando mi mente con su sabiduría mística. "Ellos aún están dentro de ti". En resumen, no hay afuera. Me llevaría un libro entero explicar esta técnica avanzada con la profundidad que ella merece.

"Basta decir que cuando quiera que desees mejorar cualquier cosa en tu vida, hay solo un lugar adonde buscar: dentro de ti. Cuando mires, házlo con amor".

* * * * * * * * * * *

Éste es uno de esos mensajes que literalmente cambian la vida. Hemos oído muchas veces que nosotros creamos nuestra realidad, que el mundo es un reflejo de quien somos, que todos somos uno, que todo comienza y termina en ti, etc., etc. Pienso que ustedes los conocen a todos. Es otra historia ver cuánto comprendemos
verdaderamente de la esencia de todas esas afirmaciones. Sin embargo, en mi humilde opinión, la simplicidad del mensaje en esta historia presiona nuestras teclas y hace caer la ficha.
¡Es tan simple!

A todos y cada uno de ustedes: ¡LO SIENTO! y ¡TE AMO!

Joe Vitale

Lake Success

Hace un tiempo conocí a un hombre que quería ser sanador. Era un
intelectual de izquierdas que no creía en el desarrollo personal o en
los seminarios de motivación y solía asistir a cursos de orientación
más técnica. Una vez que obtuvo su diploma de médico y tuvo que
empezar a trabajar, pensaba que sus conocimientos solos le
garantizarían el éxito. De manera que empezó a intentarlo… y no tenía
clientela. No se daba cuenta que para conseguir el éxito también se
ha de ser un gestor, un vendedor y un hombre de negocios con visión
de futuro. Durante once años ejercitó su profesión y ni un solo mes
ganó suficiente dinero para pagar sus facturas sin la ayuda del
salario de su mujer, que era maestra. A veces le daban ganas de
suicidarse y lo intentó en más de una ocasión.
Un día yo estaba en Lake Success, Nueva York, dando una
conferencia a unos cuatrocientos médicos en uno de los salones de un
gran hotel. Ya hacía veinte minutos que había comenzado mi
presentación cuando se abrió la puerta del fondo y entró este hombre.
Llevaba un traje anticuado, de los años setenta, que lo hacía parecer
fuera de lugar al lado de aquellos médicos tan bien vestidos. También
parecía escéptico, como sise diera cuenta de que no formaba parte de
aquella gente.
Hablé durante otros veinte minutos sobre cómo obtener una clara
visión y estar inspirado en lo que uno hace. No sé exactamente lo que
dije, pero este hombre de repente, se acercó unas cuantas filas desde
su sitio al fondo de la sala y empezó a tomar notas. Después de mi
primer descanso, avanzó hasta el cuarto asiento de la primera fila,
justo frente a mí, de manera que pude ver su aire de pueblerino. Era
alto, delgado y no tenía buen aspecto. Pero parecía que algo de lo
que yo estaba diciendo lo afectaba. Ahora estaba presente y escuchaba
con intensidad.
Al final de mi segunda parte, hablé sobre el muchacho que había
estado en coma durante tres años. Aquel había sido uno de los
momentos más milagrosos de mi vida, cuando en mi despacho, en mis
manos, salió del coma. Conforme cotaba la historia, este hombre en la
primera fila empezó a llorar, a recordar de repente por qué se hizo
médico. Lloraba con tanta fuerza que cayó de rodillas con lágrimas
que caían de sus ojos, de su nariz y de su boca.
Cuando terminé, un grupo de médicos se acercó y me abrazó y me
pidió autógrafos en mis libros y en mis cintas de audio. El hombre
estaba todavía sentado en la primera fila, en un estado de trance.
Por fin, vino hacia mí, era la última persona que quedaba pues los
demás ya se habían ido. No dijo nada. Sólo me abrazó mientras lloraba
y lloraba y, finalmente dijo:
-Gracias, creo que me ha salvado usted la vida.
Yo tenía que irme en una limusina a otra ciudad para dar otra
conferencia, pero a las cinco de la mañana del lunes siguiente, mi
asistente me dijo:
-Doctor, hay un caballero al teléfono que quiere a toda costa
hablar con usted.
Tomé el auricular y dije:
-Soy el doctor Demartini, ¿en qué puedo ayudarlo?
Me dijo:
-No sé si se acuerda de mí, pero el pasado jueves estuve en su
conferencia y lo abracé al final del evento. Doctor Demartini, quiero
darle las gracias. ¿Tiene usted un momento para que le cuente mi
historia?
-Por supuesto.
-He intentado suicidarme tres veces en mi vida y, cinco o seis
días antes de su programa casi lo logré. Un amigo me encontró en
aquella situación y me dijo: "Por Dios, no dejes este valle de
lágrimas antes de intentar al menos por una vez tener éxito. Tu
familia se lo merece y tú también. Lo que tienes que hacer es
aprender a ser un médico de éxito. Tienes que cambiar de vida".
Luego, este hombre me dijo que sacó el poco dinero que él y su
mujer tenían y vino a mi seminario introductorio en Lake Success. Me
explicó:
-Cuando llegué a aquel magnífico hotel y vi. todos aquellos
Mercedes, BMW y Porsches en el aparcamiento, me sentí tan humillado
que por un momento casi me doy la vuelta para irme. Pero decidí
aparcar mi coche viejo en un rincón, lejos, donde nadie pudiera
verme, y allí esperé a que todo el mundo se fuera. Conforme esperaba,
vi. que llegaba gente que había ido conmigo a la universidad. Sentía
un miedo atroz a que me viesen escondido allí. Luego, entré en el
hotel y empecé a escucharlo hablar del "sistema cósmico AT&T", de que
todo lo que pensamos podemos conseguirlo, y me dije a mí mismo: "Este
tipo es exactamente lo que yo me temía. Vaya pérdida de tiempo…"
»Estaba a punto de irme cuando usted dijo que yo no escogí mi
profesión, sino que fue Dios quién la escogió por mí y que no debería
olvidar el momento en que sentí la llamada. Me quedé impresionado. En
aquel momento me acordé de la verdadera razón por la cual quise ser
un médico, la había olvidado. De repente sentí que todo el mundo en
la sala se había ido y que yo estaba solo y que usted hablaba sólo
para mí. Sentí que todo lo que usted decía era para mí. Tomé notas y
luego le di un gran abrazo.
Le dije:
-Sí, lo recuerdo.
-Usted me dijo que pensara en los detalles de mis sueños, que no
dejara que en mi mente entrara nada salvo mis sueños, de manera que
regresé a mi viejo coche. Tenía allí un bloc de notas y puse por
escrito todos los pacientes que había querido ver y que había
olvidado; todos los pacientes a los que había querido ayudar y todas
las subluxacones, los problemas de salud y los nombres de los niños.
Y pensé en sus profesiones y en sus compañías, en cada detalle que
pude imaginar sobre ellos, y pasé las siguientes siete horas
recordando nombres y apellidos de gente, tal y como usted me ha dicho.
»Usted dijo que si yo no podía esperar para ver a mis pacientes,
ellos no podrían esperar para verme a mí; que si me sentía inspirado
sobre lo que hacia, la gente también se sentiría inspirada. Regresé a
mi despacho, no fui a mi casa. Usted dijo que si tengo un despacho
desorganizado y todas las cosas están en desorden nadie querrá venir
a verme, porque la gente se siente atraída por el orden, la
organización y la claridad. Fui a mi despecho y lo dejé todo
perfectamente ordenado y limpio. Puse todo en su lugar. Tiré lo que
no me servía, organicé las historias clínicas de mis pacientes como
si fueran a venir a verme y el orden y la inspiración regresaron a mí.
»Pasé el jueves por la noche, el viernes, el sábado y el domingo
por la mañana en mi oficina, meditando, organizando cosas, pensando y
soñando, porque no quería regresar a casa hasta sentir que todo iba a
tener éxito. Usted me había dicho que si era lo suficientemente
humilde frente a una inteligencia mayor que la mía, los milagros
podrían suceder y, Dios mío, esto es lo que hice. El domingo por la
mañana recé una oración y pedí ayuda a Dios. Luego, regresé a mí casa
y vi. a mi mujer. Sentí que por primera vez en once años, la merecía.
Mi mujer me abrazó y me dijo: "Bienvenido al hogar". Se dio cuenta de
que algo especial había sucedido.
»Doctor Demartini, yo quería llamarlo porque acabo de terminar mi
primera jornada en mi consultorio. Hasta ahora, la mayor cantidad de
pacientes que había visto en un solo día fueron dieciocho. La media
diaria eran nueve pacientes. No soy capaz de explicar lo que me ha
pasado, pero hoy he visitado cincuenta y dos. La gente venía de todas
partes. De manera que quiero darle las gracias por haber renovado mi
visión. Porque, Dios mío, soy un sanador y no voy a dejar que nada me
impida cumplir mis sueños a partir de ahora.

John F. Demartini

Potentísimo ejercício de sanación

Si no os lo creéis, probadlo. No cuesta nada:

1. Escribe el trastorno o enfermedad del que querrías sanar.
2. A continuación, en una columna escribe todo lo malo o los perjuicios que te causa ese trastorno y en otra un número igual de formas en que ese trastorno o enfermedad te sirve o te beneficia.
3. Haz una lista de las cosas que planeas hacer cuando estés sano.
4. Escríbete una carta de agradecimiento por ver el equilibrio en tu situación o enfermedad. Vuélvete humilde y abre tu corazón a la esencia sanadora de la gratitud y al amor incondicional.

La "depre" de los lunes por la mañana

Es increíble el número de personas que comienzan el día no con
entusiasmo sino con resignación, depresión e incluso desesperación.
Suena el despertador y en lugar de saltar de la cama llenas de gratitud
por empezar a vivir otro día, se hunden en la deses peración al ver que
les espera un día lleno de quehaceres etiquetados "deberes" y que
ninguno de ellos es algo que les guste hacer.

Las estadisticas revelan que es tal el abatimiento que sienten muchas
personas por tener que levantarse y hacer frente a los quehaceres y
responsabilidades diarias, que los ataques al corazón se producen más a
las siete de la mañana de los lunes que en cualquier otro momento de la
semana, por lo que se les podría llamar "ataques al corazón por
depresión del lunes por la mañana" Y si son tantas las personas que
tienen ataques cardiacos con sólo pensar en el trabajo, imaginaté la
cantidad que caeran enfermas por otros motivos.

Lo irónico es que igual de sencillo es llenar nuestro día de cosas que
nos gusta hacer que con cosas que debemos, necesitamos o detestamos
hacer. A veces nos olvidamos que tenemos el poder de crear la vida que
nos gusta. De hecho, cuando atendemos a la sabiduría de nuestra
intuición, o voz interior, descubrimos que nos realizamos más cuando
hacemos lo que nos gusta y amamos lo que hacemos.

Eso es lo que estamos destinados a hacer. Cuando confiamos en nuestra
voz interior y le hacemos caso, llegamos a comprender que cada día es
un regalo y nos comprometemos a agradecer ese regalo trabajando en
pos de lo que amamos.
Hace varios años, en un congreso, un joven nos hizo partícipes de uno
de sus sueños: producir un video con técnica de maquillaje para que
las mujeres aprendieran a estar bien y a sentirse mucho mejor con su
aspecto. Michael era un estilista genial y su voz denotaba tanto
entusiasmo que le dije que estaba seguro que lo conseguiría.
Mi seguridad le despertó curiosidad, de modo que lo invité a comer
para hablar de ello. Mientras conversábamos le expliqué que cuando
una persona hace lo que le gusta, su entusiasmo e inspiración genera
un impulso interior hacia el éxito. "La mayoría de las personas están
atrapadas en la ilusión de que hay que terminar ciertas cosas, llegar
a determinada edad o situación económica para comenzar a hacer lo que
les gusta hacer". Michael comentó que ese era el ciclo que veía en su
vida y en el de sus amigos.
Solemos decir "cuando haga más contactos podré poner en marcha mi
empresa", o "cuando mis hijos estén en la universidad podré comenzar
a hacer algunas de las cosas con que he soñado", o "cuando me jubile
tendré tiempo para hacer lo que de verdad me gusta hacer". Por lo
tanto, simplemente podemos disculparnos o bien empezar a hacer
realidad nuestros sueños. Depende de nosotros y el secreto es
determinar qué nos gusta hacer y comenzar a hacerlo.
-Pues voy a hacer el video- me dijo -, pero también tengo que ganarme
la vida. No puedo dejar mi trabajo para hacer lo que me gusta,
¿verdad?
Le expliqué que aprender a amar lo que hacemos ahora nos sirve para
hacer más de lo que nos gusta.
-No se trata sólo de hacer lo que nos gusta sino también de amar lo
que hacemos.
-Pero es que la rutina diaria me aburre soberanamente –me dijo-.
¿Cómo puedo aprender a amar mi trabajo?
Le sugerí que hiciera una lista de las treinta cosas que le gustaban
de su trabajo y de las treinta que no, y que después buscara la
manera de que cada una de ellas le sirviera para hacer más de lo que
le entusiasmaba hacer.
Al mes siguiente, Michael asistió a la Experiencia Descubrimiento,
donde definió con claridad su visión, inspiración y finalidad de su
vida. Su sueño era poseer y dirigir una empresa de cosméticos,
producir un video didáctico sobre cosmética, escribir diez libros en
diez años, contribuir a la curación y componer y producir música.
Actualmente cuenta en su haber con un video y un anuncio, ha escrito
seis de sus diez libros, su música está en manos de un prometedor
agente de Nashville y ayuda a otras personas a abrir sus corazones
para sanar sus vidas.